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19 septiembre 2011

La centuria de Zoido

El alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, alcanza estos días su primera centuria (en días, que no en años) al frente de la ciudad, esa cuarentena de obligado cumplimiento que establece la cortesía política antes de emitir un juicio sobre su labor al frente del consistorio hispalense.

Zoido llegó a la alcaldía en olor de multitudes, catapultado por la velocidad de crucero de sus veinte concejales y la mayoría absoluta consecuente y con un cúmulo de expectativas detrás levantadas por su particular manera de ejercer la política. No es que haya inventado nada nuevo, sino que, como me decía el otro día un militante socialista, hace justamente lo que hacían en los albures de la democracia los líderes de la izquierda con aspiraciones a ganar elecciones.

Zoido es particularmente celoso de la proyección pública de su imagen y cuida al detalle que la sensación de proximidad al ciudadano no pierda fuelle ahora que se sienta en la bancada de enfrente a la que lo hacía antes. De ahí que, a veces, su manera de dirigir la ciudad no se distancie tanto en la forma de la que exhibía cuando denunciaba algo en su calidad de portavoz de la oposición.

La publicidad va siempre adherida como una lapa a sus actos y acciones, aunque pensándolo bien, cuesta encontrar a un político que prescinda de tan colosal herramienta a la hora de ejercer su cometido. El marketing ha tomado tal peso específico en el desempeño de la función pública que ha conseguido apartar a un segundo plano los ideales y, lo que es incluso peor, los programas.

La famosa agenda de prioridades durante la campaña electoral del hoy Alcalde se encuentra aplazada sine die por una situación de las arcas públicas exigua y al borde del infarto financiero. Algo que ya se sabía de antemano, pero que Zoido pretende exprimir en beneficio propio como un cuerno de la abundancia que le permitirá tomarse el necesario plazo de tiempo para abordar los proyectos que la crisis obliga a retrasar. Lo que no le ha impedido comprometerse a sanear la deuda municipal en el término de un año, a pesar de que también tiene la intención de bajar los impuestos en ese mismo período, algo que va a ser difícil de cuadrar.

Es saludable denunciar los errores de gestión del equipo anterior y llevar ante la justicia las irregularidades que pudieran encontrarse. Si me apuran debería ser un ejercicio de salud democrática obligada al inicio de cada legislatura. Sobre todo cuando se apuesta abiertamente por la transparencia y la legalidad con la firmeza con que lo hizo Zoido durante la campaña electoral. Sin embargo, tampoco estaría de más esgrimir la tan traída y llevada austeridad esta vez en lo que a repercusión mediática se refiere.

En aras a una mayor eficacia y a no perpetuar cierta percepción de la ciudadanía sobre la clase política que empieza a tener un asiento más que preocupante, sería más recomendable actuar con firmeza cuando la situación lo requiera y que sean los tribunales los que dicten la última palabra sobre el asunto en cuestión. Poner ante los jueces el material que les permita dilucidar si una actuación es o no conforme a derecho es mucho más aconsejable para la salud democrática de la ciudad que amenazar con hacerlo desde los titulares de los medios.

El camino recorrido hasta aquí por el flamante alcalde no ha estado libre de piedras que se han acabado convirtiendo en serios obstáculos. La polémica generada por la posible modificación del PGOU para recalificar los terrenos del segundo centro comercial de IKEA es un buen ejemplo. Lo que se iba a resolver en julio pasado acabó por posponerse y levantó una riada de peticiones en el mismo sentido por parte de Altadis, Isla Mágica, Hotel Barceló y la patronal del sector, Gaesco, que hizo temer a muchos sevillanos que de nuevo se iba a permitir el inflado de la burbuja inmobiliaria y el desmadre de la especulación urbanística que tantos disgustos ha dado a la ciudad. A este respecto, el propio alcalde anunció por Twitter el pasado sábado que la solución va por buen camino y que el acuerdo está muy cercano.

Otro de los frentes abiertos es la confrontación con la Junta de Andalucía por temas como el Metro, la Ciudad de la Justicia, el AVE a San Pablo, Mercasevilla, la ubicación de la estatua del Papa Juan Pablo II, la propia recalificación de IKEA, la SE-40 y la deuda de la administración autonómica con el Ayuntamiento. La culminación de este estado de beligerancia permanente ha sido la carta remitida al Presidente, José Antonio Griñán, en la que expone las 16 trincheras sobre las que se librará el grueso de la batalla. Zoido advirtió desde el principio que iba a ser un alcalde reivindicativo con todas las administraciones, defiendo por encima de todo los intereses de la ciudad. Algo loable, sin duda, y que va incluido en la obligación del cargo.

Sin embargo llama la atención que a día de hoy todavía no se haya producido ninguna reunión entre las partes y que el espíritu de consenso para alcanzar acuerdos factibles brille por su ausencia. Ignoro sobre quién caerá dicha responsabilidad, es posible que el enfrentamiento sea rentable para los intereses políticos de ambos, pero ya se sabe, no hay pelea cuando uno no quiere.

La única zona gris en estos primeros cien días de mandato ha sido la derogación del Plan Centro sin tener preparada una alternativa de movilidad para el casco histórico. Ahí Zoido ha cometido el mismo error que le reprochaba a su antecesor. El Alcalde se comprometió a poner en marcha alternativas en septiembre, sin embargo, la anunciada reorganización de Tussam, parte fundamental en el proyecto, aún no está culminada y se encuentra en fase de estudio. La promesa de que los cambios se harán consensuando con los afectados todavía hace albergar la esperanza de disfrutar de un casco histórico saludable y sostenible.

En lo relativo a la empresa municipal de transportes urbanos y los compromisos adquiridos durante la campaña electoral, Zoido ha cumplido y todo indica hasta ahora que no piensa variar su determinación. Si bien es cierto que el plan de viabilidad, algo complicado de abordar de un día para otro, todavía no está en marcha, sí se puede decir que los pasos dados hasta el momento van todos en dicha dirección.

Ha comenzado, aunque no al ritmo que los afectados quisieran (lógicamente), la reincorporación de los trabajadores eventuales de la bolsa que estuvieron acampados en Plaza Nueva. Ha retomado la paz social de la empresa mediante la firma de un acuerdo con los sindicatos con representación en la empresa que zanja los litigios abiertos y resarce los reiterados incumplimientos de convenio de la dirección anterior. Y, sobre todo, ha cesado al gerente anterior, Carlos Arizaga, cerrando una etapa que no será de las más recordadas en la historia de Tussam.

Juan Ignacio Zoido pasa la revalida de la centuria (en días, que no en años) sin demasiadas complicaciones y casi sin disminuir las expectativas que levantó su contundente victoria. Queda por delante todavía el grueso de la legislatura y la mayoría de los proyectos de enjundia por abordar. Las dificultades serán muchas y el problema del empleo se convertirá probablemente la piedra de toque más determinante. Es en esos laberínticos berenjenales donde de verdad se jugará el éxito de una complicada gestión. Hasta ahora el partido lo lleva bastante bien controlado.



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