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12 abril 2011

Robin Hood Guerrero

El ex director general de Trabajo de la Junta de Andalucía, el ínclito Javier Guerrero, pieza clave en el escándalo de las falsas prejubilaciones financiadas con los ERE, debe ser un caso extraño de ser humano a quien su enorme corazón, de natural bondadoso, lo tiene condenado a vivir en una realidad paralela que lo sobrepasa y lo mantiene inmerso en el espejismo permanente que provoca el desdoblamiento de la personalidad.

No se entendería si no que, un señor señalado por el omnisciente dedo índice del poder para gestionar la cosa pública, sea capaz de confundir una declaración ante la policía judicial con una charla de taberna durante una partida de dominó y lo que él mismo denominó como “fondo de reptiles” poco menos que con el tesoro de Robin Hood.

Salvando la considerable diferencia de que el bandolero bosquimano de la pérfida Albión tenía la desfachatez de robar a los ricos para repartirlo entre los pobres y aquí nos estamos refiriendo a una considerable suma de dinero emanada de los bolsillos de todos, incluidos los pobres también, lo de este hombre y su filantropía a costa de los demás es conmovedor. Porque o se es de un altruismo rayano en la desmesura o el problema de la doble personalidad es tan marcado que ya es recomendable someterlo a tratamiento intensivo.

Sólo así se comprende mínimamente que alguien como Guerrero se dedicase a repartir una ingente cantidad de dinero público entre los amigotes en su propia casa, sentado a la mesa de camilla y degustando una copa de aguardiente de la sierra, como si tal cosa.

Así las cosas, en el último informe enviado por la policía judicial a la jueza Alaya, como publica El Correo de Andalucía, consta que lo hacía porque se trataba de “gente necesitada”, amigotes de su pueblo, El Pedroso, que lo estaban pasando francamente mal y necesitaban que alguien les echara un cable.

Porque a este hombre el corazón le pierde, como las faldas a Casanova, y fue incapaz de soportar que Andrés C.M., amigo desde la tierna infancia, estuviese atravesando serias dificultades sin que él hiciera nada por ayudarle. De ahí la firma en su propia casa de una póliza por valor de más de 145.000 euros que le incluía en el ERE de ACYCO, empresa de Dos Hermanas dedicada al envasado de aceitunas en la que jamás había trabajado. Otro tanto sucedió con Rafael R. G., también amigo, y con su vecino Alejandro M. T., que en esto de repartir justicia la vecindad es un elemento de proximidad a tener en cuenta.

Además sin que nada de ello fuese percatado por ninguno de sus superiores en la Consejería de Empleo durante toda una década. Está claro que los centenarios árboles del bosque de Sherwood hacían el paisaje más tupido de lo previsto e impedía ver la descomunal selva amazónica que ocultaba detrás.

Ahora se comprende la postura de la Junta de no depurar responsabilidades políticas, porque es cierto que no las hay. Aquí lo único que cabe exigir es que se depuren las responsabilidades novelescas y de ficción, porque el loco que escribió esta pantagruélica historia debería estar encerrado de por vida en una mazmorra, al más puro estilo cervantino.



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