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03 enero 2011

Gobernar Sevilla sin dinero

Un alcalde en vías de extinción, disolviéndose en el aire como el tinto en la gaseosa. Es la fotografía de arranque de la nueva década en la ciudad de los sueños quebrados y las personas vituperadas. Sevilla arranca el año electoral en que habrá de renovar el timonel que guíe sus designios durante los próximos cuatro años con un panorama cuanto menos curioso.

Alfredo Sánchez Monteseirín, el actual regidor, tiene la siempre difícil tarea de desaparecer de la actualidad como los depredadores entre las hierbas altas de la pradera. Algo bastante complicado para alguien empeñado en perpetuarse para siempre en la memoria de los sevillanos al precio que sea y al que su obstinación y su soberbia política le impiden aceptar de buen grado su nuevo papel en el mapa de la actualidad sevillana.

Su cerrazón a la hora de facilitar un relevo político en unas condiciones más o menos razonables puede ser un buen ejemplo a la hora de medir su peculiar manera de facilitar las cosas. Con algunas de las últimas decisiones tomadas por su equipo de gobierno hay que realizar un ímprobo esfuerzo de la imaginación para concebirlas con el objetivo de facilitar esa simple tarea. Más bien al contrario, a veces se antojan como zancadillas en clave interna de niño travieso al que fastidia notablemente que el partido continúe sin él. Como el balón es mío, me lo llevo y se acabó el juego.

Es la hora de Juan Espadas, inmerso en la recta final de una era cuya polémica herencia ha de gestionar con sabiduría para que no se le vuelva en contra. Unos deberes que no se antojan nada fáciles, dada la situación catastrófica del ayuntamiento que heredará quien venza en los comicios del próximo mes de mayo.

Con un consistorio endeudado hasta las trancas –más de 630 millones de euros, un 55% por ciento más que cuando Monteseirín llegó- y buena parte de los grandes proyectos enquistados y generando una corriente de opinión contraría en la ciudadanía cada vez mayor, a Espadas, defender el modelo actual de ciudad ante los sevillanos se le va a convertir en un tourmalet complicado de coronar.

Espadas defiende el mismo modelo, pero gestionado con mayor grado de eficacia, algo de lo que no puede presumir un Ayuntamiento que, tan sólo en sobre costes de los proyectos impulsados durante estos últimos cuatro años, ha lastrado las arcas municipales con la nada desdeñosa suma de más de 250 millones de euros.

Su principal contrincante, el popular Juan Ignacio Zoido, ya ha anunciado que dará marcha atrás en relación a algunos de los proyectos estrella de la era Monteseirín como el Metrocentro –artífice de buena parte de la ruina de Tusam al lastrar sus cuentas con más cien millones de euros para una línea de apenas algo más de kilómetro y medio de recorrido que coincide plenamente con el Metro-, la derogación del Plan Centro y algunas peatonalizaciones. Zoido ya se ve como caballo ganador y como tal ha puesto la directa, arropado por el resultado más que favorable que le otorgan las encuestas.

El papel que juegue el tercero en discordia, Antonio Rodrigo Torrijos, puede resultar algo más que crucial. Izquierda Unida aspira al menos a mantener sus actuales tres concejales y, si se pone a tiro, arañar algún que otro voto decepcionado de los socialistas. Pero tampoco le interesa un descalabro mayúsculo de la formación con la que está coaligada en el gobierno de la ciudad, porque eso significaría una victoria aplastante del Partido Popular y el consiguiente regreso a la oposición.

Torrijos cuenta con la fidelidad demostrada de su electorado, que hará que el lógico desgaste de las tareas de gobierno apenas sea apreciable. Sin embargo juega a su favor el impulso otorgado a proyectos emblemas de su formación que hubieran sido del todo imposibles sin la exagerada cuota de poder que logró arrancar al PSOE mediante el pacto de gobierno. Es una buena baza a esgrimir y Torrijos lo sabe.

El nivel de abstención que se alcance en las elecciones también influirá de una manera excepcional en el resultado. A su efecto ya tradicional en las formaciones de izquierdas hay que sumar en esta ocasión el que el país está inmerso en la mayor crisis conocida desde que se alcanzó la democracia y que la desilusión campa a sus anchas entre el electorado de izquierdas gracias a las medidas antisociales impulsadas por el Gobierno de Zapatero. De ahí que Espadas haya tenido que recurrir a tirar del orgullo de la militancia socialista para afrontar el envite, algo que tampoco significa a priori que se vaya a lograr el objetivo, pero sin lo cual se torna del todo imposible.

Quedan cinco duros meses por delante con la parte más intensa de la campaña aún por aflorar a la superficie. Y sin embargo, lo único que parece del todo cierto es que, sea quien sea el futuro alcalde, tendrá que gobernar la ciudad prácticamente sin dinero y navegando en la mar gruesa de los tiempos más difíciles.



3 comentarios:

Daniel dijo...

Pero la fachada del Ayuntamiento siguen trabajándola, los badenes siguen poniéndolos y quitándolos, el coche oficial (Audi A8 4.2) sigue yendo a Barcelona a recoger al señor Monteseirín a su traslado desde el aeropuerto del Prat tras su viaje en avión etc.

Cuando no quede ni un sólo euro en las arcas al menos tendremos el consuelo de que no se puede despilfarrar más.

Cualquier candidato tendría el cielo ganado con la simple promesa (y posterior cumplimiento) de AUSTERIDAD en los gastos.

Daniel dijo...

Al hilo de la entrada me gustaría crear un enlace a una de nuestro alcalde. Quien, evidentemente, ve lo de gobernar Sevilla sin dinero desde otro cristal.

http://smsevilla.wordpress.com/2011/01/04/sevilla-la-gran-capital-menos-endeudada/

Me gustaría hacer una comparación; imagínense que según nuestro alcalde, Sevilla es la SEXTA ciudad que más bosques ha quemado pero en la que en los últimos meses se han plantado más árboles. ¿Debemos alegrarnos por plantar árboles? o de lo contrario ¿tendríamos que haber evitado que se quemaran los otros? Todo depende del cristal con que se mire.

Jack Daniel's dijo...

Daniel: se mire como se mire, los bosques quemados ya no tienen remedio.