cabecera_tipográfica_trans

19 febrero 2010

El gerente de Tussam no sabe navegar en la luz

“Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y el mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina.”

Es un párrafo del cuento “La luz es como el agua”, publicado en el volumen titulado “Doce cuentos peregrinos” de Gabriel García Márquez.

Trata de un grupo de niños compañeros de colegio que se ahogan durante la celebración de una fiesta en casa de uno de ellos donde la luz emana a raudales de los enchufes desbordados y anega todas las dependencias de la casa, sesgando la vida a la pandilla de niños que jugaba en sus entrañas.

Para mí, la luz en este caso es la verdad, la información veraz y contrastada y el efecto que esa diminuta dosis de libertad provoca en el ser humano. Me refiero a la convulsión interna que te hace sentir más libre, más humano también.

Por eso la intención de este post es aportaros datos contrastados que os permitan navegar en la luz con menor dificultad.

La magnitud del despilfarro al que los trabajadores de Tussam, esos ricachones de grandes mansiones y yates de lujo, sometemos alevosamente a la empresa y que ha contribuido de forma notable a la ruinosa situación en la que actualmente se encuentra, está más que demostrada. Faltaría más.

Como bien sabéis, Transportes Urbanos de Sevilla se explota en régimen de casi monopolio, por lo que en la actividad que desarrolla, el transporte urbano de viajeros, no tiene competencia directa, salvo la que desde hace un año aproximadamente le plantea el flamante metro de la ciudad, que tan sólo cuenta con una línea por ahora.

En dicho contexto, cuesta trabajo entender que una empresa sin competencia alguna invierta buena parte de sus ingresos en publicidad, dado que no lo necesita para diferenciarse de las demás. O al menos no es algo que se pueda considerar prioritario.

Y hablo de publicidad estrictamente, que no tiene nada que ver con las informaciones pertinentes a sus clientes, necesarias para el mantenimiento de un buen nivel de servicio.

Pues resulta que Tussam, esa empresa a la que le sobra el dinero y los clientes a espuertas, invirtió en el año 2008 a través de la AIE de Sevilla la nada desdeñable suma de cerca de 281.500 euros en dicho concepto y, para no quedarse atrás, el pasado año hizo lo mismo con otros casi 450.000, lo que supone un total de cerca de 700.000 en tan sólo dos años sólo en publicidad. Es el tipo de austeridad peculiar que se gastan estos salvadores de ocasión.

Se desconoce a causa de qué tipo de remordimiento o en reacción a qué tipo de información que circula por ahí, en el contrato adjudicado para este año 2010, Tussam ha tomado la sabia decisión de excluirse.

O lo que es lo mismo, que en todas las acciones incluidas en dicho contrato –que supondrá para la adjudicataria en cuestión la no menos despreciable cantidad de un millón de euros sin IVA- la empresa no pagará un solo euro, aunque siga saliendo su logotipo como integrante de la AIE. Lo cual, justo es decirlo y reconocerlo, me parece una medida de sentido común, dadas las circunstancias en las que se encuentra. Lo que no hace sino demostrar que antes eran tan innecesarias tales inversiones como ahora o más. A buenas horas, mangas verdes.

Porque lo más curioso es que Tussam lleva desembolsando dichas cantidades desde que se creó la AIE de Sevilla, hace ya algunos años, sin que ese lince de las finanzas de Arizaga se percatase de que tales gastos desmesurados eran superfluos y prescindibles, máxime cuando la inmensa mayoría de las acciones realizadas nada tenían que ver con la actividad comercial de la empresa que dirige y sí con otras cuestiones de difícil justificación.

Ha tenido que desembocar la empresa en quiebra técnica y casi definitiva para que su gerente sufra un absceso de sentido común. Todo un indicio más que revelador de su peculiar forma de dirigir una compañía de la que comen más de mil quinientas familias y de su rentabilidad. No me extraña de que Tussam esté sin aire, lo que de verdad me deja perplejo es que todavía respire.

Espero que ahora se entienda el exquisito trato que recibimos los trabajadores de Tussam por parte de los medios de la ciudad. Por supuesto de una manera totalmente desinteresada. Supongo que a partir de ya, como no habrá inyección de pasta desde las arcas de Tussam, se producirá una reducción directamente proporcional del número de titulares insidiosos. ¿O no?

Porque quienes trabajamos en esta empresa, despilfarradores a mano abierta, no podemos pasar sin mirarnos al ombligo y por eso vivimos en el mono ansioso de vernos reflejados en las páginas de los medios, mientras quienes nos gobiernan, pobrecitos ellos, no son sino “aborígenes de tierra firme que nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.”

No hay comentarios: