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08 octubre 2011

Calle José María Osborne, según qué lado de la memoria

En Sevilla hay una calle dedicada a José María Osborne, hijo del fundador de la cervecera Cruzcampo, que se unió a las huestes de Queipo de Llano a las 2 de la madrugada del 19 de julio de 1936 poniendo a su disposición su persona y su avioneta. A partir del 25 de ese mismo mes, José María Osborne comienza sus servicios a la causa realizando 48 de enlace y 68 de guerra, entre ellos un mes de vuelos nocturnos, especialmente sobre D. Benito y Villanueva, así como los que ejecutó más tarde siendo piloto de un Junkers, en la escuadrilla de las Marías, sobre Madrid, Arganda y Brunete.

Hace pocas fechas, a instancias de una demanda interpuesta por su sobrino, el abogado Enrique Osborne Isasi, el Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 2 de Sevilla ha resuelto restituir el nombre a la susodicha calle que el Pleno del Ayuntamiento aprobó quitar en febrero de 2009.

El historiador Francisco Espinosa Maestre, en una columna publicada hoy por el diario Público, analiza y se sorprende de los argumentos utilizados por el juez para basar tal decisión. No le faltan razones para ello.

Lo más escandaloso del caso es que, en realidad, la calle jamás dejó de tener tal nombre, como denunció en su día Ángel Munarriz en Público. En palabras de Espinosa “puro esperpento”, tratándose como se trataba de un gobierno formado por las coalición de PSOE-IU. Dos años y medio sin hacer cumplir un acuerdo del pleno. Una verdadera comicidad.

José María Osborne Vázquez era uno de los pilotos del Aero Club de Sevilla con sede en Tablada. Los pilotos del Aero Club se sumaron al golpe militar desde el primer momento y participaron “en los bombardeos que prepararon el terreno a las columnas facciosas enviadas por Queipo sobre los pueblos del suroeste”.

Los efectos sobre las poblaciones de los bombardeos realizados por los pilotos del Aero Club desde los primeros días fueron parte esencial del plan de terror inicial proyectado e impuesto por los golpistas”, cuenta Espinosa.

Osborne murió en acción de guerra a finales de 1938, cuando su avión fue derribado en Tudela del Segre, Lleida. En octubre de 1948 se le erigió un monolito en los jardines del barracón de Tablada, junto a otros pilotos del Aero Club “caídos por Dios, la Patria y la causa del aire”.

A pesar de ello y de manera increíble, el juez José Luque Teruel entiende que “la mayoría de los sevillanos probablemente asocien el apellido Osborne a (…) las referencias que el apellido pueda sugerir (bodegas, vino, toros, etc.)”. Y sobre tales razonamientos sustenta el fallo.

No deja de resultar curiosa la facilidad con la que interpreta el juez la memoria de “la mayoría de los sevillanos” en relación a las probables asociaciones del apellido Osborne. El mismo margen de probabilidad tendría entonces la asociación inversa, ya que dicho apellido, tan emprendedor y bodeguero, también apareció involucrado a comienzos de 1982 en las violentas acciones perpetradas por bandas ultraderechistas en Sevilla.

En esto de la memoria no nos vamos a aclarar nunca, sobre todo ahora que esta sentencia visionaria ha determinado que tiene dos caras opuestas.

07 octubre 2011

Los pueblos arden mal

Tenía tan sólo dieciocho añitos cuando el dictador la espichó. Mi madre siempre se quejaba de andar tras de mí por donde las manifestaciones, suplicando a los grises que la dejaran pasar, que su niño estaba entre el tumulto esquivando las pelotas de goma –que no sé por qué las llaman de goma, porque duelen un huevo-.

Con esa edad no es que uno tuviera una visión completa del mundo, pero ya tenía bien claro cómo no me gustaría que el mundo fuera: como el que me había tocado vivir hasta entonces, el que exterminó primero a la generación de mi abuelo y fosilizó fosilizado después a la de mi padre.

Viví la transición a la democracia con esperanza, insuflado por las ansias de libertad de un pueblo que había sentido durante demasiados años la suela de la bota del dictador sobre el cogote. El voto es una fiesta, nos decían, la máxima expresión de la libertad y la ciudadanía.

Pero yo veía que, a medida que pasaban las décadas, los partidos que se habían significado en la lucha por la libertad, y los ciudadanos con ellos, se iban dejando jirones importantes, trozos de sueños, a cambio de verse integrados en el sistema floreciente. La democracia engullía a las ideas y a las personas hasta hacerlas irreconocibles.

Aquella sociedad justa que soñamos un día se ha quedado con el paso de los años y de la inopia en un sistema anodino que ignora a sus más firmes sustentadores en beneficio de una élite privilegiada, cuya única misión se reduce a perpetuarlo, a prometer sin cesar una serie de cambios imposibles que logran hacer el truco de magia de que nada cambie y parezca todo lo contrario. No veo yo tantas diferencias entre la élite que nos gobernaba con Franco y la que lo hace ahora. Quizá que aquella no aparentaba tener tanta discreción o disimulo.

La desfachatez ha llegado a tal punto que incluso nos han impuesto el olvido, mientras las cunetas y caminos de este país están todavía repletas de muertos esperando una pala que los saque y los dignifique. No sé cómo no se nos cae la cara de vegüenza ante sus miradas de ultratumba.

Y en el fondo, cuando te pones a pensarlo detenidamente, después de tantos años y tantas luchas a cuesta, nada ha cambiado tan radicalmente como para que nos haga albergar un hálito de esperanza. Los ladrones de guante blanco continúan haciendo de las suyas a costa de los demás, mientras a quienes protestan los siguen enviando a galeras. Los que dirigen los designios del país persisten en imponer las decisiones de arriba abajo, pasándose al pueblo y sus opiniones por el forro de los caprichos. Los que más tienen siguen siendo los mismos, y los que menos o nada, también.

La única diferencia palpable hasta ahora es el color de los uniformes y la modernidad del corte de los trajes. Nada más. Y la vida, que continúa siendo igual de bella.

Parafraseando a Manuel Rivas, los pueblos arden mal, pero éste parece que se consumió en el último incendio.

06 octubre 2011

Los pavos de los españoles

Espero que os acordéis de aquellos de las chaquetas de pana gruesa y las camisas de a cuadros que puño en alto recorrían las carreteras andaluzas, ondeando banderas y coreando consignas contra las bases americanas de Rota y Morón, y entonando a viva voz el “Yanky go home”. Sí, esos del puño y la rosa, socialistas y obreros ellos con pedigrí y rancio abolengo, que hacían del antiimperialismo su causa arterial.

Los mismos que algún tiempo después convocaban manifestaciones y protestas multitudinarias porque se negaban rotundamente a que España entrara en la OTAN. Yo por no entrar en la OTAN ma-to, parecían decir. Ésos que nos vendieron posteriormente, de cara al referéndum, el pastel de que era “de entrada no”, porque salir, lo que se dice salir, ya no saldríamos jamás, como así ha sucedido.

Los mismos que durante gran parte de la historia de la transición democrática de este país acudían a las manifestaciones antinucleares que pedían el cierre de las centrales, aunque para ello tuviesen que adjuntar un sol sonriente a la rosa roja de su emblema, y que ahora prolongan la vida útil incluso de las que han caducado.

Ésos pacifistas celebérrimos, que se negaban a cualquier tipo de violencia, en especial a su máxima expresión, la guerra, pero que después, una vez acariciado el poder, no tienen inconveniente alguno en mandar a nuestros soldados a cruentos frentes de batalla, con la pueril excusa de que en realidad van a construir casitas de mecano.

Pues esos mismos acaban de autorizar, con la colaboración imprescindible del socio de gobierno, que Rota se convierta en una base antimisiles, con sus correspondientes ídems, de la manera más democrática posible; a escondidas, utilizando un país extranjero para anunciarlo y sin consultar al pueblo. Y, lo que es peor y más bajuno, utilizando de manera cínica y demagógica la manida excusa de que la medida "va a crear empleo". Hasta ahí llega el cinismo.

Lo que no hace sino demostrar a las bravas lo catetos que somos, la mala memoria que tenemos y lo pavos que podemos llegar a ser los españoles.

05 octubre 2011

El verdadero programa oculto del PP

¿Alguien sabe a qué se refieren los políticos, sobre todo los de izquierdas, cuando hablan del programa oculto del PP? ¿Qué no?

Pues os debo tal explicación y os la voy a dar. En realidad no hacen referencia a una dura política de recortes, eso es ya bien sabido por todos, y si no lo ponen en el programa electoral no es porque pretendan ocultarlo, sino por pura utilidad.

De haberlo incluido, todos sus programas electorales desde el inicio de la democracia hubieran sido repetitivos, aburridos. Es más, les hubiera valido el mismo para todas las elecciones celebradas hasta ahora. Poco más o menos que al resto de formaciones políticas con otros mantras similares.

No, los ajustes y los recortes severos no son la parte oculta del programa electoral del Partido Popular para estas elecciones. Eso es tan sabido que sería estúpido no ya esconderlo, sino simplemente negarlo.

La verdadera parte oculta de su programa es ese obstinado empecinamiento que les ha entrado desde que han rozado el poder por implantar la resurrección del facha, el inigualable personaje apellidado Martínez con el que el dibujante Kim puebla las páginas inigualables del semanario El Jueves.

Porque en el fondo, el PP lo que quiere es que todo esto nos lo tomemos a chiste.

04 octubre 2011

La orquesta del Titanic

Los medios de comunicación construyen la fotografía diaria de la actualidad. Al menos eso deberían hacer, aunque se da la circunstancia curiosa de que no siempre quieren hacerlo y la fotografía resultante en esos casos está tan distorsionada como una imagen manipulada con Photoshop.

Hoy la fotografía que han revelado los medios es la instantánea de la tragedia que nos azota y no se han apartado un ápice de esa realidad. En estas ocasiones siempre conviene ser tan fiel como la imagen que se observa a través de una ventana sin cristales.

Las bolsas continúan con su caída en picado y las agencias de rating nos auguran un próximo año todavía peor. El paro sigue disparado y en Andalucía se incrementa en 23.592 personas más, de ellas 1.667 sevillanas.

Tras la frialdad de estos datos está la cruda cotidianeidad de miles de personas, el sin vivir de cientos de familias que ven cómo se les cae la vida encima, sin que puedan hacer nada por impedirlo. Curiosamente hoy, esa otra cara de la fotografía de la actualidad sí ha sido recogida fielmente por la prensa.

Cáritas de Sevilla ha alertado de la situación límite de cientos de familias de esta ciudad que están subsistiendo de las pensiones de los abuelos. El 55% de esos parados no cobra ninguna prestación, de ahí el colapso que están sufriendo los comedores sociales, que están viendo desfilar por sus pasillos enlosados con baldosas de tristeza a gente que antes era inimaginable.

Ante este panorama desolador, nuestros políticos continúan en la misma inopia a la que nos tienen acostumbrados, incapaces de buscar una solución válida y enfrascados en sus asuntos de siempre. Como aquella orquesta que tocaba en la cubierta del Titanic, insensible a la tragedia que se estaba fraguando a bordo.

Que a nadie le quepa ninguna duda de que ellos ya se han procurado su propia salvación primero. Ahora sólo esperan el voto que la garantice definitivamente, mientras observan desde las barcazas de salvamento cómo se presta el pueblo a ser engullido por las gélidas aguas del océano inmenso.