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04 mayo 2010

En Sevilla, la conducción del agua es por fibra óptica

La misteriosa fuga a tierras otomanas del alcalde de Sevilla, y el consejero delegado de la empresa municipal de aguas (Emasesa), Manuel Marchena -se escaparon como dos enamorados, a escondidas y sin avisar a nadie- tiene visos de convertirse en un espectáculo de ficción digno de la iluminación del más ilustre y lúcido de los novelistas patrios. Es lo que tienen los aires de Oriente, que todo lo envuelven en un mágico velo de película.
El garbeo turco, del que no se dio cuenta ni a los integrantes del grupo socialista en el ayuntamiento -se les dijo que el alcalde iba a pasar unos días con su familia-, ha sido organizado y costeado por el cónsul honorario de Turquía en Sevilla, curiosamente propietario de una empresa dedicada a la comercialización de tuberías. Sólo el jet privado de lujo que trasladó a la comitiva cuesta la friolera de 37.000 euros de nada.
Según el alcalde, el viaje ha sido exclusivamente de "carácter comercial", a pesar de "haber sido invitado por el primer ministro turco" bajo el pretexto de adquirir un paquete informático patentado por Emasesa y de la contrariedad de tenerlo que sufragar precisamente quien tiene que comprar la aplicación. Es algo así como si El Corte Inglés les pagara el taxi a los agentes comerciales que acuden a sus centros a colocarles sus productos.
El alcalde, en legítima defensa, ha esgrimido un argumento tan contundente como un martillo de margarina; "Emasesa no compra tuberías", ha dicho y se ha quedado tan Pancho. Hay que fastidiarse. De continuar el cuento por dichos derroteros, cualquier día es capaz de aseverar que la conducción del agua en Sevilla se hace por fibra óptica. Lo que llega a hacer la imaginación.
Como para que no estén indignados con él en el partido. A este paso, el canje de la anhelada embajada de Turquía por la alcaldía de la ciudad nos va a salir por un pico.



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