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17 diciembre 2009

El periodismo y la compañía de la luz

“Tachemos cada información declarativa de un diario escogido al azar y tendremos la visión exacta de la geografía de lo que sobra en un periodismo que prefiere informar de cifras en lugar de personas que sufren, sueñan, luchan y a veces vencen. No es Internet lo que nos mata, nos mata una cierta prepotencia típica de la mediocridad y de los que tienen miedo a lo desconocido, cuando en lo desconocido se esconde la aventura, que es la esencia de la vida.”

Más en “El arte de hablar sin decir nada”.

Es lo mismo que ha pasado esta noche con el terremoto que se ha podido sentir en Sevilla. Nos ha cogido a todos dormidos y no nos hemos dado cuenta, pero los edificios altos han temblado durante algunos segundos.

Pasa algo que te puede sacudir la vida de manera determinante y apenas lo percibes, casi ni te das cuenta, porque viene velado por las voluntades y los consentimientos de quienes sacan provecho de ese ejercicio de ocultación.

Vivimos en una sociedad impostada, donde nada sucede por casualidad y en la que ejercemos el papel de víctimas permanentes casi sin enterarnos de nada. Es el periodismo el que tiene la sagrada responsabilidad de prender la luz, pero hasta ahora prefiere un romance fangoso y turbio con la compañía suministradora.


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