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20 octubre 2010

Monteseirín, que te crece la nariz

Hemos optado por un modelo humanista y progresista que se extiende a todos sus aspectos, desde las relaciones vecinales hasta el urbanismo, la cultura, el trabajo y la solidaridad. Hemos optado por un modelo sostenible, en el que las personas sean el centro de todas las políticas y que todas las políticas se hagan pensando en las personas.”

Alfredo Sánchez Monteseirín, alcalde de Sevilla, en una entrada en su blog titulada “Democracia directa en Sevilla” refiriéndose al modelo de ciudad que ha impulsado y en especial a los Presupuestos Participativos. Algún día este hombre debería explicar a los sevillanos qué es lo que toma.

No quiero extenderme demasiado en comentar el cinismo que encierra esta sarta de mentiras encadenadas por signos de puntuación del castellano. Hay un dicho popular que lo resume mejor que nadie: se coge antes a un mentiroso que a un cojo. Y el alcalde cojea y de qué manera.

En primer lugar le recomendaría que se diera un extenso paseo por el Diccionario de la real Academia de la Lengua y descubriera el significado exacto de vocablos como “humanismo” y “progresismo”, por si así consigue enterarse de una vez de lo que en realidad significan. El mejor ejemplo de ese humanismo y esa progresía, sin ir más lejos, es la democracia de cruz gamada que tiene implantada en Tussam, al alimón con Fran Fernández y “Adolfo” Arizaga. Afortunadamente, con la significación de las palabras no se puede hacer el mismo ejercicio de apropiación y desleimiento que con la democracia.

También quiero hacer un acto de reconocimiento a Monteseirín de que, efectivamente, las personas son el centro neurálgico de sus políticas, pero claro sólo aquellas que le son afines y de su propia cuerda. Las demás, una inmensa mayoría de ciudadanos de esta “ciudad dual”, como él mismo la describe, viven acosadas por la marginación que alimenta el clientelismo que él mismo se encarga de instaurar a maza y martillo.

Y, para finalizar, una recomendación: revise usted su ideario, señor alcalde, la democracia directa implica muchísimo más que el concepto lánguido y pírrico que usted entiende por ello. Entre otras cosas, y sin querer extenderme demasiado, el poder borrarle a usted como cabeza de una lista por la sencilla razón de que no se le considere la persona idónea para el cargo del que se trate. Cosa que, en su caso, ha sido imposible en las tres ocasiones en que ha presentado para alcalde. No me sea simplista.



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