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16 septiembre 2008

Mami, qué será lo que tiene el negro, que siempre paga los platos rotos

La pasada legislatura fue el 11-M y la fantasiosa autoría de ETA en la comisión del terrorífico atentado de Madrid. No importó en absoluto que la mierda salpicara a la justicia y a las fuerzas de seguridad del Estado. Esta parece ser que van a ser los inmigrantes el centro de la diana del Partido Popular.
El PP necesita siempre ubicar con puntería de cazador avezado su punto de mira en algo que le sea rentable electoralmente. Es su forma de hacer política. Para todo ha de haber un culpable y un responsable subsidiario, que siempre es el gobierno de rigor. Forma parte de la más que demostrada miopía política de un partido que quiere hacernos ver su centrismo inexistente. Abracadabra, ahora está, ahora ya no está.
Los ultradefensores del liberalismo más acérrimo y salvaje callan como lápidas mientras observan cómo los bancos nacionales de los Estados del capital de libre circulación inyectan ingentes cantidades de dinero público para salvarle el culo a los especuladores. Ahora sí está justificado el intervencionismo. Son las cosas de la ingeniería financiera, ya se sabe, puentes que se caen, ingenieros que se forran.
Rajoy acaba de descubrir que los culpables de la crisis son los inmigrantes y el hecho inadmisible de que tengan derecho a paro, tras haber cotizado el tiempo correspondiente. Es la parte oculta de su contrato de inmigración. Si eres inmigrante y tienes trabajo, estás obligado a cotizar para que el país prospere. Si te quedas en paro y la economía está sacudida por una profunda crisis, tus derechos se van al pairo.
Afirma que la situación del país se parece a la de “hace muchos, muchos años”. Aludiendo a los tiempos de mal recuerdo en que los españoles se veían obligados a traspasar fronteras para obtener fuera lo que no encontraban aquí.
Si Rajoy hubiese sido gobernante alemán en aquella época, hubiera propuesto leyes que facilitasen la expulsión sin contemplaciones de los españoles invasores. O promulgado contratos de inmigración vejatorios, que les impusieran la aceptación de unas costumbres y una cultura ajenas en detrimento de las suyas propias.
Pero ahora estamos en España, flamante espacio de acogida, y ahora los extraños, los diferentes, son otros y provienen de países lejanos cuya situación no dista mucho de la que entonces tuvimos aquí. Ahora conviene señalar con el dedo un culpable, a lo nazi, para calmar las iras de una sufrida población que padece la crisis como puede, sin entender nada de nada.
Nada de hablar de los efectos devastadores de las políticas liberales especulativas. Nada de tirar piedras sobre el propio tejado.
Mami, qué será lo que tiene el negro, que siempre paga los platos rotos.

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