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22 junio 2012

Zoido y el baúl de los recuerdos


Debatir sobre el estado de la ciudad, cuando la ciudad está estancada en un inmovilismo petrificante desde que comenzó esta crisis es tan absurdo como derribar una montaña a golpe de cincel. 

El verdadero debate sobre la ciudad se desarrolla en sus calles sin que nuestros políticos parezcan enterarse y en especial el Alcalde, Juan Ignacio Zoido, cuya táctica efectista parece agotarse a pasos agigantados. Por algo casi el 80% de los sevillanos estiman que la ciudad está igual o peor que hace un año, tal y como puso de manifiesto hace unos días el último Barómetro Socioeconómico de la ciudad de Sevilla publicado por la Fundación Antares Foro.

En todo caso, sólo hace falta pasear por las calles de Sevilla y verse arrastrado por el aluvión de protestas que se producen a lo largo de todos y cada uno de los días de ese tiempo eterno que la envuelve, para llegar a la conclusión de que las visiones idílicas que se traslucen en los discursos de nuestros políticos no son otra cosa que productos de esa manía que tienen de habitar en una ciudad que no existe y que nada tiene que ver con la real a la que dicen representar.

De ahí que cuando, al comienzo del pleno, el equipo de gobierno se deshace en loas a su líder enarbolando una supuesta gestión que sólo ellos ven, casi nadie se altere ni si quiera para rozar la extrañeza, porque es a lo que estamos acostumbrados y, al parecer, más que resignados.
Lo mismo sucede cuando desde la bancada de la oposición comienza a diluviar como por ensalmo una retahíla de propuestas que justo un año antes, cuando eran ellos quienes ostentaban el poder, fueron incapaces de poner en marcha con la misma manifiesta inoperancia. También estamos acostumbrados, y resignados por ende, a estas profundidades del rifirrafe político.

Al final, toda la argumentación política se reduce a la estética más que a la eficiencia o no de la gestión. Lo ha dicho el portavoz del PP, Juan Bueno: “Nosotros no causamos escándalos”. Y ahí se quedó toda la tela por cortar. La herencia recibida está demostrando que en tiempos de crisis es más socorrida que el agua bendita en las lesiones de los futbolistas. 

Las protestas perpetuas, tanto en el interior del Pleno –hoy han tenido que desalojar a las familias de la Corrala La Utopía por exigir el suministro de agua en sus viviendas ocupadas- como las que tenían lugar en las puertas de la casa consistorial, con bocinazos, petardazos, tamborilada y griterío incluidos, no existen y no tienen presencia en ese particular sky line sevillano que sólo ven los ojos avezados de nuestros políticos.

Eso sí, los sevillanos de a pie nos tenemos que tragar que el Alcalde este inmensamente preocupado por ese plan de ajuste que se ha visto obligado a realizar por culpa de la maldita herencia recibida –de 70 a 20 millones, ha dicho- y sin embargo se permita el lujo de ignorar qué carajo sucedió con aquellos 70 millones de euros que, según sus propias palabras, se cargaron en las cuentas de Tussam durante el anterior mandato sin que tuvieran nada que ver con la actividad propia de la empresa. Si para ello además es necesario saltarse unas cuantas promesas electorales de camino, pues mejor.

Es cierto que se han solucionado problemas, pero tampoco lo es menos que en la situación en la que se encontraban las empresas municipales tampoco había que ser muy lince para clavar el diagnóstico. El problema real está en que, tras solucionar alguna encrucijada heredada del equipo anterior, siempre existe un después y es ahí donde hay que demostrar que se tiene un plan planificado y actuar en consecuencia. Y en ese sentido, las empresas municipales han cambiado muy poco.

Algo parecido ha sucedido cuando Zoido se ha referido a los problemas sociales y le ha pedido a la oposición que “no banalicen” sobre el asunto. “Este gobierno está realizando actuaciones muy importantes”, ha dicho. Nadie lo duda, pero las personas que han desalojado hoy del pleno son tan sólo una mínima representación de un problema cruel e inhumano que está asolando a la ciudad ante sus propios ojos: los desahucios. 

Según las estadísticas del CGPJ, sólo en la provincia de Sevilla, los levantamientos se incrementaron un 155% durante 2011 con respecto al año anterior, pasando de ser 436 en 2010 a 675 en 2011. Se da por hecho que durante los seis primeros meses de 2012 esa cifra no ha hecho más que incrementarse. 

Ante tan tremendo problema humano, requerido de una atención principal incluso por el Defensor del Pueblo Andaluz, la respuesta del Ayuntamiento, cuando la gente presa de la desesperación decide ocupar viviendas vacías para no dejar a sus hijos en la calle, se limita a cortar el suministro de luz y agua y amenazar con enviar a los servicios sociales para retirar la custodia de los menores. Si en eso consiste el grueso del plan de choque, apañados vamos.

Zoido se ha marcado hoy cinco líneas de actuación prioritaria: empleo, servicios básicos, limpieza, transporte y ocio-turismo. Trabajo no le va a faltar, desde luego. Pero haría bien en olvidarse del pasado, salvo que sea para exigir cuentas con todas las de la ley, y aplicarse en la tarea de ofrecer soluciones válidas a los ciudadanos. Está muy bien pasearse por los barrios y hacerse la foto con los vecinos justo al lado del foco del problema. Está muy bien siempre y cuando esa foto no pase luego a formar parte del baúl de los recuerdos de manera sistemática.
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