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05 febrero 2012

El cambio sin cambio

Jesús Rodríguez / Gregorio Verdugo

Esta mañana ha sido la mejor para pasear por los pasillos no sólo porque haya sido la de la resaca de la elección del nuevo líder del PSOE, sino porque no había mucho más a lo que prestar atención, aparte de los nombres de la nueva cúpula del partido, que no es poco, pero que ya se conocían a primera hora.

Entre los militantes, el ánimo de iniciar una nueva etapa y trabajar para volver a ilusionar a la ciudadanía y a los mismos socialistas queda aplacado por la sensación de decepción de muchos que incluso desde antes del comienzo del 38 Congreso presentían que éste no iba a ser más que una pantomima para dejarlo todo amarrado por la vieja guardia, para que nada cambie y que las bases sigan sin contar con protagonismo.

Una opinión que no hace más que reflejar la división que reina en el PSOE desde hace ya demasiado tiempo y que amenaza con alargarse más de la cuenta, para desesperación de los socialistas. La viva imagen de esta ruptura son los exiguos 22 votos de diferencia con los que Rubalcaba se ha impuesto a Chacón, amén de las puñaladas -metafóricas, aunque casi se haya llegado a las manos en algunos momentos- que hemos visto antes y durante este 38 Congreso.

Sin salida para Griñán

Puñaladas por doquier y las que, sin duda, nos quedan por ver, especialmente con las elecciones andaluzas a la vuelta de la esquina -el 25 de marzo- y con la Federación Socialista de Andalucía partida en dos como una sandía y repleta de vencedores (Felipe, Zarrías, Pizarro, Viera, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis) y, sobre todo, vencidos (Griñán, Susana Díaz, Juan Espadas).

El presidente andaluz, José Antonio Griñán, es uno de los que más ha perdido, tanto o más que la propia Chacón. Ante una cita electoral en la que todas las encuestas dan mayoría absoluta al PP de Javier Arenas y una sima en el PSOE-A acrecentada por el Congreso y la derrota de Chacón, la cara de muerto de Griñán en la tarde de ayer reflejaba el temor a la purga en la que todos estaban pensando nada más conocerse la victoria de Rubalcaba.

El cántabro también ha decidido incluir a Griñán en ese designio de la vieja guardia del PSOE de mantenerlo todo bien amarrado al que aluden muchos socialistas, y por ello ha decidido colocarlo como presidente del PSOE, un cargo florero que le permitirá controlar los movimientos de Griñán, especialmente tras los cambios que se esperan que se produzcan en la ejecutiva andaluza tras la presumible debacle socialista en las elecciones del 25 de marzo.

Unidad, unidad, unidad

El trabajo que le queda por delante a Rubalcaba es ingente, más que nada por el principal objetivo que ha marcado -y remarcado- a los militantes: “unidad, unidad, unidad”.

Como ya ha dicho esta misma mañana el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, mal empezamos, con los chaconistas y los rubalcabianos lanzándose acusaciones mutuas de no integrar y de no querer integrarse, respectivamente, en la nueva Ejecutiva federal.

Sea como sea, sí es cierto que en la lista de Rubalcaba hay pocos cargos de relevancia que correspondan a partidarios de Chacón, aunque llama la atención la importancia que ha adquirido la Federación Socialista de Madrid, que mantiene a sus cargos en la anterior Ejecutiva e incorpora a Rafael Simancas, Jaime Lissavetzky y Elena Valenciano.

Rubalcaba ha cerrado el 38 Congreso Federal con un discurso en el que ha incidido en sus dos ideas claves: “unidad y trabajo”, al tiempo que ha hecho lo que Chacón realizó ayer: dar paso al discurso mitinero y de campaña, de oposición al PP. Sólo que Chacón se saltó el paso previo: hablar a los mismos socialistas e intentar conciliar el partido. Lo que ayer hizo Rubalcaba.

Más allá de eso, muchas propuestas llevadas a cabo en las comisiones de trabajo. La más relevante, la apertura del partido a los simpatizantes y la instauración de primarias abiertas “a la francesa” para la elección del candidato a presidente del Gobierno. Pero de instaurarlas en la elección de secretario general, lo que piden las bases, nada de nada.

Ha sido incisiva la apelación al partido, a la necesidad de conformar un grupo que tiene que tirar de esto. Muchos ven en ello una referencia al mismo aparato que llevan 30 años controlando Felipe y sus pretorianos. Esa idea que fluctúa por debajo del eslogan del cambio, y que Íñigo Sáenz de Ugarte, con acierto, resumió en Twitter recordando la novela ‘El Gatopardo’ de Lampedusa: es preciso cambiar todo para que todo siga igual.

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