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07 mayo 2011

La batalla de los descontentos

El último sondeo hecho público por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en el día en el que se dio el pistoletazo de salida a la campaña electoral ha puesto de manifiesto, en lo referente a Sevilla, que la batalla electoral se va a dirimir en el terreno de juego de los descontentos.

El Partido Popular, con una horquilla entre 16 y 17 concejales, habría alcanzado su techo natural en la ciudad y sólo se podría agarrar a la estrategia de arrancar votos a sus contrincantes si pretende agrandar aún más la diferencia.

Este dato significativo ha supuesto un cambio relevante en la estrategia del equipo de Juan Ignacio Zoido. El alcaldable popular ha apostado por un discurso más moderado, casi sin implicarse en nada que pueda acabar convirtiéndose a posteriori en un fallo y agarrándose a su marca personal como seña de identidad, diluyendo en lo que puede la aparición de las siglas de su partido. El barco navega viento en popa y a toda vela y no conviene una excesiva identificación con esa “derecha extrema” con la que tanto PSOE como IU insisten en etiquetar al PP.

Zoido no ha tenido reparos en reconocer incluso algunos de los logros del mandato de Monteseirín como “buenos”, aunque le cuesta demasiado abandonar su discurso de la herencia del anterior alcalde para señalar a su contrincante, el socialista Juan Espadas, como receptor directo de la misma. Sabe mejor que nadie que ése es uno de los problemas de más peso con los que ha de lidiar el alcaldable del PSOE. Pero en sus últimas apariciones públicas no ha dudado en mostrarse como regidor, como ya adelantó en este blog hace tiempo. Por eso ha pedido con insistencia que se permita gobernar a la lista más votada.

El hándicap de Zoido es ese último concejal que le proporcionaría la mayoría absoluta para gobernar la ciudad en solitario y el peligro de caer en un exceso de confianza y que su campaña de perfil plano no consiga los objetivos deseados. El concejal de los descontentos con el PSOE que aún no tienen decidido a quien votar. Sin él, el Partido Popular no tiene posibilidad alguna de gobernar la ciudad.

Ese concejal es el que Juan Espadas está decidido a disputarle barrio a barrio, sobre todo en aquellos que son los caladeros de votos tradicionales de los socialistas; Macarena, Sevilla Este, Cerro-Amate, San Jerónimo y Pino Montano. Es ahí donde los hombres de Espadas van a gastar toda la munición, intentando movilizar como sea a ese casi 29% de indecisos que cantan las encuestas. Si lo consigue, el pacto con IU le otorgaría la alcaldía. Si ese porcentaje se decanta por la abstención, el Partido Popular tendría vía libre para hacerse con Sevilla y afianzar el primer puntal para su asalto definitivo a la Junta y al Gobierno central el año próximo.

La militancia del PSOE tiene la última palabra debatiéndose en ese baile en el que anda enfrascada desde hace tiempo entre el descontento con las medidas adoptadas por Zapatero para afrontar la crisis, la cuestionada gestión de Monteseirín y la crisis interna que vive el partido por el modo en que se han hecho las cosas y la manera tan singular de gestionar la sucesión del anterior alcalde.

A las puertas de las elecciones, todavía impregna el tufillo de la interminable hilera de cadáveres que Monteseirín ha dejado tras su paso por el gobierno de la ciudad. Un obstáculo en cuya gestión Espadas ha mostrado más sombras que luces y que, a la larga, puede pasarle una considerable factura. Tan sólo basta con echarle un vistazo a la situación de las empresas municipales y al funcionariado de la Junta para comprobarlo.

La otra pata de la mesa en disputa, y no por ello menos necesario, el candidato de IU Antonio Rodrigo Torrijos, mantiene intactas sus expectativas electorales y la esperanza de volver a ser llave de gobierno, tal y como sucedió en la legislatura anterior. En caso de producirse, de él sólo se espera que aprenda de los errores que arrastró el anterior pacto de gobierno y que esta vez venda más caro su apoyo si cabe.

A pesar del ejercicio de imaginación matemática que Torrijos viene haciendo en los últimos días con los usuarios potenciales de los logros del último mandato, el veterano político de la formación de izquierdas sabe mejor que nadie que todas sus opciones pasan por mantener su cuota electoral a toda costa (incluso arañándole algún que otro voto al PSOE) y que los socialistas no sufran una debacle el 22-M que impida una mayoría de izquierdas. Beber del inagotable manantial del PSOE tiene sus ventajas para una formación que se sitúa a su izquierda natural, pero en este caso puede ser hasta contraproducente si ello significa incrementar la distancia del PP.

La campaña de Torrijos se está desarrollando tal y como estaba prevista, basándose en propuestas locales y racionalmente asequibles, sin estridencias y evitando en lo posible el previsible desgaste provocado por la acción de gobierno. Todo marcha según el guión previsto.

Son los socialistas pues quien están en la encrucijada y la clave del desenlace de los resultados que se produzca el 22-M. Una batalla que no sólo se juega en el campo electoral, sino también y con la misma intensidad en clave interna. Ya el eslogan escogido para la campaña, “El 22 de mayo no se trata de cambiar el mundo. Se trata de cambiar tu mundo”, es toda una declaración de intenciones. Se pide abiertamente que no se vote sobre Zapatero, que ya ha anunciado que no será candidato en las próximas generales sin que dicho anuncio haya tenido los efectos previstos en los sondeos, en un intento caso desesperado por evitar el descomunal desgaste que la acción de gobierno ha provocado en su propio electorado.

De cómo digiera una militancia acostumbrada a flotar en el ancestral culto al líder que se practica en el partido socialista el hecho de que el actual pueda llevarlo a la mayor debacle electoral de su reciente historia, depende en buena medida el éxito o el fracaso estrepitoso en estos comicios. Ese es el mayor obstáculo con el que se va a encontrar Espadas y, aunque él y otros destacados dirigentes están convencidos que lo van a conseguir, los cierto es que no se trata de una tarea baladí.



5 comentarios:

LemboAlvaro dijo...

Gregorio, el último sondeo del CIS que no da la mayoría absoluta al PP está hecho (el trabajo de campo) antes del anuncio de Zapatero, por lo tanto no sabemos como afecta este a esos sondeos.

Gregorio Verdugo dijo...

LemboAlvaro: ya lo sé, no lo digo por este sondeo, sino por otros posteriores realizados por algunos medios, como por ejemplo el pulsómetro de la SER, que indicaron que el anuncio de Zapatero no tuvo casi incidencia en las encuestas.
Por otro lado, el sondeo del CIS sí pone al PP al borde de la mayoría absoluta en Sevilla (de 16 a 17 concejales), con diecisiete gobernaría en solitario y ahora mismo los tiene.

Anónimo dijo...

A estas alturas del curso y siendo ya todos mayores de edad, electoralmente hablando...¿Puede haber alguién tan sumamente borrego que tenga claro a quien votar?

Gregorio Verdugo dijo...

Anónimo: buena reflexión.

Anónimo dijo...

A quien votar, si ir a votar , si votar en blanco, si votar nulo, esta claro que no lo tengo. Pero a QUIEN NO VOY A VOTAR, eso os aseguro que lo tengo CLARISIMO, CLARISIMO, CLARISIMO...
Un trabajador de TUSSAM que lo han puteado en estos cuatro años ultimos COMO NUNCA LO HABIAN HECHO ANTES