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19 abril 2011

Una campaña adormidera

A poco más de un mes de la cita electoral y con Sevilla inmersa en el fragor de sus fiestas de primavera, la campaña electoral sigue su curso sinuoso y sin apenas provocar ruido, antes de diluirse en el bullicio de la gente tomando por asalto las calles.

Hasta el parón obligado que se impondrá en los próximos días, la campaña no ha dado demasiado de sí, y eso que los candidatos han utilizado ya toda su artillería pesada. A estas alturas, con más de un mes todavía por delante, ya está casi todo dicho. El fondo de armario no da para más.

La situación de crisis generalizada que vive el país hacía imprescindible una campaña imaginativa, con propuestas cercanas, apegadas a los problemas cotidianos de la gente. Exigir imaginación a unos políticos que, por lo general, han sido incapaces de reaccionar ante la gravedad de la crisis que nos atenaza puede ser demasiado pedir. Pero en los tiempos que corren era lo más adecuado, dada la desafección generalizada de la ciudadanía hacia la actividad de quienes se han mostrado ineficaces para dar respuestas viables a sus demandas.

Con ese panorama, la campaña está siendo más deslucida de lo que en principio se creía. Aparte de que las habas están más que contadas, la irrupción en mitad de la misma de los presuntos casos de corrupción y sus consecuencias judiciales no ha hecho sino desleírla aún más.

La Justicia ha tomado un protagonismo impropio en una campaña electoral cuya principal aspiración iba a ser combatir la inclinación natural hacia la abstención que provoca el desapego en buena parte del electorado. Sin quererlo, al menos así debe ser, se ha convertido en una sombra alargada benefactora para los tiempos de calor que se avecinan, pero no tanto para lo que debería ser el debate sobre la ciudad por excelencia entre los ciudadanos.

A priori, en esta campaña todo parece estar decantado desde el principio. Al menos eso parecen indicar las encuestas conocidas hasta ahora. Aunque siempre hay quien se empeña en mantener lo contrario.

Juan Ignacio Zoido, el candidato del Partido Popular, se dirige lanzado hacia una mayoría absoluta que le permitiría gobernar la ciudad en solitario. Es debido a estos augurios favorable que los populares se hayan decantado por una campaña de perfil bajo, sin estridencias ni riesgos innecesarios, como gobernada por un piloto experto en mantener la posición de privilegio para asegurar la contundencia del resultado. Lejano ya el impacto que causó su propuesta de Ciudad de la Justicia, las posteriores se han caracterizado por estar envueltas en una pátina generalista diseñada para no desagradar a nadie, como la bajada de impuestos lanzada hace pocos días. Si bien es cierto que, ante el desconocimiento al detalle de la situación real del Ayuntamiento, sería descabellado profundizar más sin conocer a fondo el terreno que se pisa.

Los socialistas, con Juan Espadas a la cabeza, se aferran a que todavía hay partido. Pugnan a la desesperada con la losa de la alargada sombra de Monteseirín, que está causando más de un quebradero de cabeza al candidato, y andan sumergidos en una carrera contra reloj por aumentar su popularidad y su conocimiento entre los electores. Curiosamente, una de las propuestas más interesantes que se han escuchado hasta el momento ha pasado casi desapercibida bajo el ruido de fondo que está fagocitando la campaña. La lanzó Juan Espadas ante el foro Gaesco y se trata de la rehabilitación de barriadas enteras de Sevilla financiada mediante el ahorro energético que gestionarían los operadores implicados en la operación. Un planteamiento arriesgado pero que convendría estudiar, gobierne quien gobierne, para proporcionar la anhelada cohesión social que tanta falta hace a la ciudad.

Por su parte, a Izquierda Unida, con su candidato Antonio Rodrigo Torrijos al frente, le ha tocado bailar con la más fea. Su doble imputación en los casos de la operación de adjudicación de los suelos en Mercasevilla y por los despidos de Sevilla Global ha aterrizado en mitad de la campaña como un jarro de agua fría y ha estado a punto de crear un conflicto interno en la federación de izquierdas. El revuelo organizado ha restado protagonismo a las propuestas estrella lanzadas por el candidato: la creación de un parque empresarial de la economía social y la dotación de viviendas para quienes se vean desahuciados por los bancos.

No deja de ser curioso que, en el caso de la adjudicación de los suelos de Mercasevilla, Torrijos y su formación no es la primera vez que mantienen los criterios esgrimidos. Cuando se produjo la venta de las antiguas cocheras de Tussam en el Porvenir, Izquierda Unida adoptó una postura similar y apoyó que se anulara la venta por 41 millones de euros a la empresa que se adjudicó el concurso.

Los terrenos pasaron a ser propiedad de EMVISESA por una suma que rondó los 20 millones. La justificación empleada entonces fue exactamente la misma que ahora; era una decisión encaminada a luchar contra la especulación urbanística. No se imputó a nadie entonces, ni siquiera se investigó, a pesar de que el perjuicio para las arcas de la empresa municipal sobrepasaba los veinte millones de euros y que el producto de la venta iba a ser destinado en su totalidad a sufragar el coste de la construcción de las nuevas instalaciones. Curiosidades de la Justicia.

Con el calendario que queda por delante sólo resta el sprint final, que se concentrará en la campaña propiamente dicha. Sin embargo, no se esperan grandes sorpresas sobre lo ya conocido. Con toda probabilidad sea una nueva dosis de más de lo mismo. En tiempos de escasez como los que vivimos, y si lo pensamos con detenimiento, bien que podríamos ahorrárnosla. Al menos su efecto narcotizante.



2 comentarios:

Anónimo dijo...

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