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25 septiembre 2009

El burka y la coherencia

Escribe Ignacio Camacho hoy en su columna de ABC:

“Aunque el burka fuese un símbolo religioso no cabría discusión alguna sobre la imposibilidad de asumirlo en una sociedad democrática en la que la igualdad prevalece sobre las creencias, y menos sobre la posibilidad de admitirlo en espacios públicos representativos como los tribunales de justicia. Pero ni siquiera se trata de eso. El burka es un instrumento de marginación de la mujer, una prenda que sirve para invisibilizarla ante el mundo y encerrarla en una cárcel textil que expresa su inferioridad ante los hombres. El burka es la expresión de una moral atávica y brutal que humilla a las mujeres, las oculta, las discrimina y las posterga, y de ningún modo puede encontrar sitio en una sociedad abierta y libre por muy relativista que se sienta respecto a otros valores y otras culturas.”

Se podría compartir buena parte de la argumentación, si no fuera porque quienes defienden tales posturas son los mismos que después ponen el grito en el cielo cuando se pretende desalojar las escuelas públicas de los crucifijos que las tienen okupadas desde tiempos inmemoriales. Esos mismos crucifijos que impusieron durante siglos una invisibilidad semejante a la mujer y un velo de iguales características y que perseguía los mismos objetivos que el que ahora se denuncia.

En términos de andar por casa, que no está sobrado de lo que se denomina coherencia.



2 comentarios:

enhiro dijo...

Tampoco hay que generalizar, aunque en el caso de Ignacio Camacho es así al 100%. Recuerdo un artículo en el que llamaba islamoprogre a todo aquel contrario a los belenes en los colegios.

Creo que muchos estamos tanto contra el burka como contra los crucifijos en instituciones oficiales.

Jack Daniel's dijo...

enhiro: yo, personalmente, soy uno de esos.