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26 septiembre 2009

Algo huele a podrido en el PP

“El cierre de filas de un partido está justificado cuando se pretenden abatir como sea la dignidad y la trayectoria de un buen dirigente, pero aparenta un enrocamiento cuando es la respuesta a unas revelaciones que deben ser rebatidas, sin son falsas, o tomadas en cuenta para actuar en consecuencia, si son ciertas. La presunción de inocencia también juega en política, pero con intensidad y efectos distintos a los que tiene en un proceso penal. La confianza de los ciudadanos en los políticos es lo que mide su responsabilidad como gestores de los bienes públicos, al margen de si se ha cometido o no delito, porque si no fuera así, deberían ser los jueces los que controlaran la actividad política. En este caso, es relevante saber si los hechos son o no ciertos. Y para atajar este acoso que vive desde hace meses, el PP tiene varias opciones, pero la más eficaz en democracia siempre es abordar de frente y con decisión los problemas, para evitar que las soluciones le vengan a uno impuestas desde fuera y sin control de los tiempos.”

Aunque parezca sorprendente, es el editorial de hoy de ABC, un periódico que no es nada sospechoso de fobia a los populares.

Porque ya empieza a ser demasiado alarmante de que cuanto más se tira del hilo de la madeja de la corrupción descubierta en la Gürtel y van apareciendo nuevos datos, menos quieren sus dirigentes mirar hacia adentro y descubrir qué es en realidad lo que ha pasado. Ese empecinamiento en culpabilizar a todo lo demás y no barrer el patio propio cuando se está convirtiendo a pasos agigantados en un estercolero puede ser suicida para el partido y para el líder que está conduciéndolo al desastre.

Huele a miedo, a podrido, a pavor porque se sepa más de lo que ya se sabe. Y, mientras el PP continúe en esa actitud de mirar hacia otro lado cuando todos los dedos índices apuntan hacia él, los ciudadanos no se librarán no ya de la duda de que haya corruptos dentro del partido, sino de que la dirección popular no se preocupa por lavar su imagen.

Por algo será, cuando hasta su brazo mediático lo aconseja.



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