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22 febrero 2009

Las cuitas inútiles del socialismo sevillano

El socialismo sevillano, ése que ha sido tan crucial y tan decisivo en los momentos políticos de más trascendencia de este país, continúa mirándose al ombligo y anquilosándose de manera inconsciente en las luchas internas.

Mientras, las huestes de Zoido y sus correligionarios apuntalan posiciones estratégicas de cara a futuras batallas, buenos conocedores de aquel viejo refrán de que a aguas revueltas, ganancias de pescadores.

Al mismo tiempo que los líderes de la izquierda sevillana se debaten en absurdas batallas por el control de partido y de las instituciones que de él dependen, la derecha se esfuerza en amenazar desde las sombras la ciudad emblema del socialismo de este país, sin que parezca que a ninguna de las facciones en la lid este hecho le preocupe en demasía. Mala cosa ésa de la prepotencia cuando se trata de someterse al juicio del pueblo.

Sevilla ha sufrido un cambio descomunal, un cambio profundo en su concepción como ciudad, algo de lo que nunca ha podido presumir la derecha. Hoy Sevilla es una ciudad diferente, con una apuesta distinta que ilusiona a buena parte de sus habitantes.

Sin embargo, no basta con ello.

La mayoría de los ciudadanos están de acuerdo con las transformaciones viscerales que se han llevado a cabo, las perciben como beneficiosas para el desarrollo de la ciudad. Pero también empiezan a estar cansados de luchas internas inútiles que no reflejan más que discrepancias en los intereses de poder, cuando el modelo de ciudad es idéntico y todavía está por concluir y con mucha tarea por delante.

Bien harían las cabezas visibles del socialismo sevillano en aferrarse al modelo de transformación de la mayor y más influyente ciudad del Sur y olvidarse de cuitas personales para centrarse en la manera de poder concluir un proyecto inacabado. Y culminarlo con la participación e implicación de todos.

Los ciudadanos entienden de proyectos que sean capaces de desempolvar sus ilusiones, que apunten a conseguir una ciudad mejor para su disfrute y exigen de sus dirigentes la máxima dedicación y esfuerzo. Sólo así la balanza determinante de su voto se inclinará de nuevo para apoyarlos.

Sevilla necesita de todos para seguir respirando y no se puede permitir el lujo de desperdiciar talento inútilmente, porque en la medida que esto ocurra se les estará dando la razón a quienes están convencidos que el lugar de esta ciudad en la Historia es más opaco del que realmente merece.

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